
Ayer, nos reunimos en el parque con Lila y Ixmucané, conversamos sobre algo que me ha cambiado mucho…
Algunas veces he escuchado cuando la gente dice que por ser hombre no debo llorar, que debo ser siempre fuerte y valiente, que debo proteger a las demás personas y no expresar mis emociones. También me he dado cuenta de que la gente dice que sí está bien que las mujeres lloren, que hay que tratarlas con delicadeza porque son emocionales y que como hombre puedo imponer mis ideas, deseos y ser rudo con ellas, pero…

Así como Andrés ha escuchado lo que no debería hacer o sentir por ser hombre, las mujeres también escuchan mandatos sobre la forma en que deben vivir. Esta forma en que la sociedad nos dice a cada persona cómo debe vivir si es hombre o si es mujer se llama
«género»:
Las características o cualidades asignadas por la sociedad a los cuerpos sexuados.
Un cuerpo sexuado es el que tiene sexo biológico y características específicas de acuerdo con ese sexo, como los genitales, cromosomas y otros aspectos del cuerpo.
Cuando las personas nacemos, se nos etiqueta según ese sexo biológico, esta es nuestra asignación de género. De allí en adelante, la sociedad hará énfasis en los roles que las mujeres deben cumplir y los roles que los hombres deben desempeñar con base al género asignado. Estos roles nos son impuestos desde edades muy tempranas ¿cómo? Con la ropa y juguetes que nos regalan ¡incluso desde antes de nacer!, con las actividades en las que participamos, con las formas en que nos sobreprotegen o estimulan, etc.
Estas diferencias, en cuanto a roles y espacios que deben ocupar los hombres y las mujeres, son construcciones sociales que se dan de acuerdo al género.


